Ma bohème
Je m’en allais, les poings dans mes poches crevées;
Mon paletot aussi devenait idéal;
J´allais sous le ciel, Muse! et j’étais ton féal;
Oh! la! la! que d´amours splendides j´ais rêvées!
Mon unique culotte avait un large trou.
- Petit-Poucet rêveur, j’égrenais dans ma course
Des rimes. Mon auberge êtait à la Grande-Ourse.
- Mes étoiles au ciel avaient un doux frou-frou
Et je les écoutais, assis au bord des routes,
Ces bons soirs de septembre où je sentais des gouttes
De rosée à mon front, comme un vin de vigueur;
Où, rimant au milieu des ombres fantastiques,
Comme des lyres, je tirais les élastiques
Des mes souliers blessés, un pied près de mon coeur!
Arthur Rimbaud (1854-1891)
“Luces de Bohemia. Artistas, gitanos y la definición del mundo moderno” es el título de una de las dos maravillosas exposiciones que ofrece la Fundación Mapfre en la Sala Recoletos y que surge como colaboración entre la Fundación con la Réunion des Musées Nationaux-Grand Palais de París y gracias a la labor de sus comisarios, Sylvain Amic -director de los Museos de Rouen-, y Pablo Jiménez -director del Instituto de Cultura de la Fundación Mapfre-.
Yo no sé absolutamente nada de pintura pero me gusta pensar en las palabras escritas por Victoria Llort Llopart en el Prólogo a las Notes sur Chopin de André Gide (1869-1951), que, aunque referidas a la música, creo aplicables a cualquier otra de las artes. No hace falta ser un experto para disfrutar de la pintura -en este caso-, pero sí es preciso tener una mente aguda, atenta a los detalles, receptiva a los matices. Y todo ello puede permitirnos, con un mínimo de sensibilidad, adentrarnos en cualquier manifestación artística con una perspectiva humanista. Es curioso que este autor francés, Premio Nobel en 1947, no se mostrara partidario de acercar unas artes a otras y establecer paralelismos entre ellas...
Las obras que conforman esta exposición pertenecen a pintores como Manet, Signac, Corot, Courbet, Callot, Teniers, Latour, Sargent, Sorolla, Van Gogh, Delacroix, Ramón Casas o Picasso, por citar sólo algunos, quienes, entre el Romanticismo y el Realismo se inspiraron en la bohemia gitana. Por cierto, sobre Corot escribe Baudelaire en varias ocasiones en uno de los libros a los que vuelvo constantemente por sus inspiradoras palabras. Se trata de Salones y otros escritos sobre arte (1859). Lo sitúa a la cabeza de la escuela moderna de paisaje, por su ingenuidad y originalidad, aunque hubiera buenas gentes que dijeran que no sabía pintar, alegando a su ignorancia en la distinción de una obra de genio u obra de alma, si se prefiere, en la que todo está bien visto, bien comprendido, bien imaginado, y alegando también a su incapacidad para percibir las diferencias entre una pieza hecha y otra acabada y que, en general, lo que está hecho no está acabado y que una cosa muy acabada puede no estar hecha en absoluto, otorgando un valor inmenso a Corot considerándolo un gran maestro no sólo por la espiritualidad de sus pinceladas sino por su enseñanza, que califica de sólida, luminosa y metódica. Y por terminar de relacionar los nombres citados, dejo un párrafo de Gide, de sus Notes sur Chopin, que invitan a la reflexión...
“A menudo he escuchado acercar Beethoven a Miguel Ángel, Mozart a Correggio, a Giorgione, etc. Aunque estas comparaciones entre artistas de un arte diferente me parecen bastante vanas, no puedo evitar el remarcar cuán a menudo se aplican igualmente a Baudelaire los comentarios que puedo hacer sobre Chopin, y al revés. De manera que, ya varias veces, el nombre de Baudelaire ha salido naturalmente de mi pluma. “Música malsana”, se decía de las obras de Chopin. “Poesía malsana”, se decía de las Flores del Mal y, creo que por las mismas razones. El uno y el otro tienen una preocupación similar por la perfección, el mismo horror a la retórica, a la declamación y al desarrollo oratorio; pero sobre todo, querría decir que encuentro en el uno y en el otro un mismo empleo de la sorpresa, y extraordinarios atajos por donde la logran.”
En palabras de Javier Jiménez, el ya citado comisario de la exposición, la bohemia artística nace a finales del XIX en París, momento en que los artistas ya no tienen las protecciones tradicionales de los grandes mecenas o de la iglesia, y deciden organizarse por su cuenta (en Francia, bohemiens), algo inherente al mito del artista moderno. En esta exposición se ha realizado una adaptación al contexto español, especialmente en lo referente a la temática gitana reforzando el mito de la gitana andaluza como “uno de los tópicos internacionales del siglo XIX”, por el exotismo tanto de España en el panorama europeo como de la fuerte presencia del embrujo de las gitanas de Andalucía. Aquí, música que me trae preciosos recuerdos...
Danza de la Gitana (1927). Ernesto Halffter
Danza de la Pastora (1927). Ernesto Halffter
Y tampoco se puede dejar de mencionar a la pasional Carmen -como símbolo de la provocación, del grito a la libertad, la sexualidad y la alteridad de la gitana española-, y su influencia en los grandes creadores de la modernidad.
Habanera de la ópera Carmen (1875), de Bizet. Basada en la novela homónima de Mérimée, que a su vez posiblemente estuviera inspirada por el poema narrativo Los Gitanos (1824) de Pushkin
Es así que esta exposición pretende indagar sobre esa historia común, incidiendo en los encuentros y las disparidades entre dichas “bohemias”, en ese carácter errante -que queda tan representado en Un par de botas (1886) de Van Gogh-, de ruptura con la sociedad, de oposición a las convenciones burguesas.
Un par de botas (1886). Van Gogh
En mi caso, además, ha supuesto el descubrimiento de pintores que no conocía, como Cazals o Jean-François Raffaëli. La fascinación que me ha producido el cuadro El bohemio poeta de Montmartre/Retrato de Eric Satie (1891) de Ramón Casas por esa similitud entre el trazo del pincel y la música del compositor, el tratamiento de la luz y del color en cada pincelada, todas ellas distintas tanto en los mismos escenarios de Montmartre, o apreciar la recreación del ambiente nocturno, intenso y trágico a la vez, de La butte en torno a los cabarés Le Chat Noir, Le Moulin de la Galette o Le Moulin Rouge...
Las relaciones entre pintura, literatura, cine, música quedan plasmadas de una forma muy evidente en este recorrido. La presencia de Henry Murguer con su obra Scènes de la vie de bohéme -publicadas en fascículos en Le Corsaire-Satan entre 1845 y 1849-, cuya versión teatral sirvió de base a la ópera La Bohème de Puccini y a la de Leoncavallo... Los bocetos del vestuario de los personajes para la representación de la de Puccini, los dibujos de los decorados en su primera escenificación, la partitura manuscrita de la escena de la muerte de Mimí...
Sería difícil tratar de describir o ponerle palabras al impacto que me produjo ver, por vez primera en una exposición, el Retrato de Franz Liszt de Lehmann -quizá por su situación estratégica en la sala en la que se encuentra-, o Ensoñación de Lenoir. La presencia del artista, esa mezcla de rotundidad y afirmación sublimes en esa mirada tan brillante y directa y que contrasta tanto con la divagación, la sensualidad, la poesía y pregunta que muestran los segundos; la mezcla de melancolía y una cierta inseguridad e incertidumbre, de ése encontrar en el primero y de esa búsqueda y al mismo tiempo espera en el segundo.
¡Cómo he disfrutado de mirar, de observar... de ese “atrevimiento” que llama Muñoz Molina!.
Ensoñación (1893). Lenoir
La exposición estará hasta el 5 de mayo, os animo a verla si aún no lo habéis hecho.
¡Ah!, se me olvidaba. Eso sí, sin que suene demasiado... mal. Igual que, por ley, se prohíbe fumar en ciertos sitios, creo que, por ley también, ya puestos, deberían existir carteles en los que se exigiera que las exposiciones hubiera que verlas en absoluto silencio. O, al menos, los comentarios estúpidos hacerlos en voz baja. Escuchar los de algunos visitantes -a cierto volumen no deja de ser una imposición, ¿no?-, pueden estropear, de un plumazo, el momento de llamémoslo serenidad que provoca mirar un cuadro si a uno le pilla desprevenido.
Igual que fumar perjudica seriamente la salud, en ocasiones, hablar, también. Menudo bofetón al oído y, de rebote, a la vista, claro está.
María











