viernes, 22 de marzo de 2013

Donde nacen las ilusiones


A Hernán,
“Contigo no necesito ocultar mi pasión por las estrellas.
A ti también te gustan las cosas que a nadie le interesan.”
(Visto en El Club de los Libros Perdidos)




Hernán es una de esas personas “rápidas”, ávidas de actividad, de conocimiento; lleno de inquietudes, lúcido, ingenioso, profundo, serio. Un ser humano sin artificio, sin pretensión, libre, genuino, crítico y terriblemente audaz. Una persona con la verdad por delante. “Miedo” me da cada vez que se me acerca y comienza con un... “María, estaba yo pensando que..., vamos, que se me ha ocurrido una idea...”, y me sonríe con la tierna malicia de un ladrón de bombones. 
Recuerdo así una de tantas veces, aquella tarde en un rincón de Madrid, delante de un improvisado té, en la que tenía delante a un hombre con corazón de niño que me contaba, con una capacidad arrolladora para transmitir, las ganas y el deseo de cumplir una ilusión, un sueño musical y humano del que quería hacerme participar. 

Y como los sueños los construimos entre todos, fue muy fácil cerrar los ojos y ponerme en sus manos; vivirlo y no pensarlo y aportar un granito de arena al inmenso castillo que estaban levantando. No había descrédito. Porque cuando las creencias en algo son tan fuertes y tan intensas, no hacen falta ni explicaciones ni justificaciones. Los proyectos y el ponerse a hacerlos, el llevarlos a cabo, se sujetan solos.

Y es la generosidad, el compromiso, la responsabilidad, la nobleza -como dice Aldo J. Méndez en la presentación del proyecto (http://dondenacelaluz.org/) y señas de identidad de otro de los grandes capitanes de este barco, Carlos Cano-, junto a la sensibilidad y la inteligencia con la conciencia y la consciencia de las manos amigas con las que se ha podido materializar ese sueño. Las de todos aquellos quienes veían la línea recta entre la idea y su realización que destina todos sus beneficios a FISENSI, una modesta asociación de familias y personas con discapacidad.


Dibujo de un alumno de Primaria con que el equipo humano de Donde nace la luz celebró el Día Mundial del Síndrome de Down y el Día Mundial de la Poesía (21 de marzo)


La lucha contra las posibles adversidades y el desánimo -que, cuando vienen, lo hacen implacables-, hace que la ética, la actitud y la forma de asumir se encuentren en constante cambio y evolución y es de ellas de las que nace la luz -por utilizar palabras que conocemos ya... :)-, las explosiones y los delirios de alegría. Una suma de creencias que lleva a que las ilusiones copen lo espontáneo, lo auténtico y lo genuino y sustituyan a lo artificial y a lo falso en un sector de una sociedad en la que la mayor parte de las cosas son tratadas como mercancía. Barata. 



E insisto. Las ilusiones, los sueños y el poner los medios adecuados para lograrlos, llevan a uno a su condición civilizada, a su instinto racional. La tranquilidad del espíritu y la certeza de que se trata de iniciativas tan limpias y tan llenas de vida como ésta aparecen en un momento para la cultura en que, como dice Vicente Huidobro, “las horas han perdido su reloj”, o en lo que, en otros niveles y órdenes de cosas, Vargas Llosa en su ensayo La civilización del espectáculo (2011) llama selva promiscua, que es en lo que se ha convertido gran parte de la oferta cultural de nuestros días, llena de bufones -tanto desde un escenario o un entorno equivalente como sentados en un patio de butacas, sobre todo-, y de quienes los jalean y animan. “Eso es la frivolidad, una manera de entender el mundo, la vida, según la cual todo es apariencia [...]”, (Vargas Llosa, 2011, p. 51).



Pareciera en ocasiones, en la época que nos ha tocado vivir, que se haya abolido la facultad humana de discernir entre la verdad y la mentira, la historia y la ficción, simplemente por el hecho de encontrarnos personas que nos venden sus trayectorias o las de sus conocidos con una jerga esotérica, casi siempre hueca, vacía, deprimida, ampulosa, pedante y desprovista de profundidad y de acción real; algo que Foucault llama oscurantismo terrorista y que tanto daño hace a quienes asisten y participan de estas “grandes representaciones” de sus coetáneos que, por lo general, suelen ser a su costa. Gran astucia dialéctica, vistosa pero frágil, la de estos usuarios de las operaciones de relaciones públicas como simples atracos.




Vuelvo al texto de mi admirado Vargas Llosa porque reúne todas las palabras clave de esta entrada: “La cultura puede ser experimento y reflexión, pensamiento y sueño, pasión y poesía y una revisión crítica constante y profunda de todas las certidumbres, convicciones, teorías y creencias. Pero ella no puede apartarse de la vida real, de la vida verdadera, de la vida vivida, que no es nunca la de los lugares comunes, la del artificio, el sofisma y el juego, sin riesgo de desintegrarse.” (Vargas Llosa, 2011, p. 74-5). 
Y no se desintegrará jamás la trascendencia de los sueños con respecto al tiempo presente, que permanece y sigue viva porque no están hechos para ser consumidos al instante y desaparecer. En ellos no se cumple que el precio y el valor sean la misma cosa, no existe ese momento trágico, triste y miserable que marca la existencia de algunas personas, sino una distinción en la que el segundo absorbe y anula al primero. Aquí el valor lo fija uno mismo, con plena libertad. Y eso precisamente es la libertad, una inversión voluntaria y deseada de las prioridades.




Si es cierto que nuestras palabras dicen lo que pretendemos ser y nuestras acciones lo que realmente somos, sobra todo lo demás. Y lo anterior también, porque aquí está el resultado, que se puede mirar, tocar y escuchar. No sé si hay algo más sensitivo, algo más real:





Hernán, porque te conocí bailando tangos. Y me haces participar de tus locuras y me metes en unos líos maravillosos. Y para que la luz, tu luz, siga haciéndote tener ilusiones compartidas y sueños hechos realidad. Como éste.

Javier, Mario; una “ronda” de nanas, sal, arena y desvelos curados.
Y dos fuertes abrazos,
María

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