Hace unos años escribí la reseña de un libro para la revista de la hermandad de la Vera Cruz, que desfila en Cuenca todos los lunes santos. El libro son en realidad unos apuntes que tomó Francisco León, arquitecto ya fallecido y padre de un amigo, Pablo, que fue durante años miembro del coro que yo dirigía. Ahora que se acerca la Semana Santa, me parece oportuno recordarla.
Esta es la reseña:
Apuntes sobre el gótico de Cuenca en su
Catedral
Ritmo y piedra
Francisco Javier
Tortajada Martínez
Mi mejor recuerdo
de la catedral de Cuenca, que he visitado tantas veces, está relacionado con la
Semana Santa. Vestidos de nazarenos, con siete, ocho, nueve años, acompañábamos
a mi padre, mi hermano y yo, los viernes santos por la tarde, porque tenía que
encuadrarse en el Yacente o la Soledad de la Cruz. Todavía de día, según los
años, recuerdo el último sol de la tarde irrumpiendo a través de la pequeña
vidriera que corona la nave de la epístola a los pies de la Catedral, dibujando
con luces y sombras los arcos que forman la nave, desde la entrada hasta el
crucero.
Ahora, además de ir todos los viernes santos a la Catedral para encuadrarme con el Yacente, los lunes asisto a la misa previa a la procesión y posteriormente desfilo con la Vera Cruz. Los que leáis esta recomendación sabréis por experiencia que en esos momentos se nos ofrece una ocasión inmejorable para contemplar y admirar el primer edificio de nuestra ciudad, en el sentido para el que fue construido.
En el libro de
Francisco León podemos encontrar el relato de cómo la Catedral de Cuenca llegó
a tener el aspecto que muestra en la actualidad. He escrito “libro”, pero
debería haber escrito “apuntes”, como muy bien indica el título de la
publicación. Publicación que, más que escrita, habría que decir que está
dibujada. El autor no sólo ilustra el contenido con multitud de dibujos, en
grises o a color, sino que escribe a mano, con letra de palo, todo el texto,
reforzando así el carácter directo y personal de la obra, que entretiene,
instruye e interpela al lector sobre su postura ante la arquitectura gótica en
general y la del templo conquense en particular.
En su primera
parte, aproximadamente el primer tercio del libro, el autor nos habla del estilo
gótico, poniéndolo en perspectiva y dando las razones de su surgimiento y
evolución. El resto del libro describe desde el punto de vista arquitectónico
la Catedral de Cuenca, haciendo el seguimiento cronológico desde los orígenes
hasta la terminación de la girola, en el siglo XV, con la inclusión final del
diseño completo de la fachada inacabada con que cuenta el templo en la
actualidad.
El autor
considera que no puede conocerse un edificio hasta que no se ha dibujado.
Quiero pensar que también puede conocerlo aquél que se zambulla en los dibujos
que ha realizado otro, si los disfruta como yo he disfrutado los de Francisco
León. No sólo los dibujos de la catedral de Cuenca, ciertamente exhaustivos,
sino los otros muchos edificios utilizados como ejemplo: monasterio de Cluny,
de Veruela, basílica de Majencio, catedrales de Noyon, Lincoln y Laon, o la
iglesia de Saint Yved de Braine, a la que el lector toma especial cariño cuando
descubre que es la más parecida a la catedral de Cuenca tal y como fue
concebida.
Aprender y
disfrutar. Las dos claves de la buena lectura se dan en este libro. Francisco
León quita el velo a la maraña de columnas, arcos y ojivas que componen las
bóvedas de crucería, y ofrece al profano una explicación sencilla del porqué
técnico y estético de esta estructura; formula la necesidad de contrafuertes y
arbotantes; analiza la enrevesada estructura de la girola; nos muestra los
distintos tipos de columnas y capiteles; o descubre por qué surge el triforio. Quiero
hacer mención especial para el capítulo dedicado a la linterna, situada sobre
la “provisional” bóveda del crucero, que la oculta a nuestra vista y que ahora
podemos no sólo imaginar sino también ver a través de los magníficos dibujos
que acompañan al texto.
Espero que, tras
la lectura del libro, este año cambie mi percepción de la procesión cuando
desfilemos por el interior de la catedral, con las velas todavía apagadas,
antes de escuchar la primera palabra en la plaza mayor. Quizá pueda ver al
formidable edificio, el ritmo modelando la piedra, acompasarse con el paso
cadencioso del Cristo de la Vera Cruz.
Francisco
León Meler: Apuntes sobre el gótico de Cuenca en su catedral. Colegio de arquitectos
de Castilla – La Mancha, 2006, 157 páginas.
Javier



Me ha gustado mucho este comentario.
ResponderEliminar¿Me has enseñado ese libro? Creo que no; lo recordaría. Será bueno verlo, o volverlo a ver.
jm