martes, 5 de marzo de 2013

Una sonrisa




Para ti,
“La segunda mejor cosa que puedes hacer con tus labios es sonreír... la primera es besarme.” 
Víctor de la Hoz



Todo el que me conoce un poquito sabe que me gusta mucho reír. Y no solamente me gusta, sino que me ha interesado mucho, y me interesa todo lo que implica y conlleva esta acción. En palabras de Javier Marías (“El servilismo de la risa”, El Semanal, 7 de septiembre de 1997): “[...]; a poca gente guardo tanta gratitud como a la que consigue hacerme reír; y nadie se gana mi afecto como las personas de risa generosa y frecuente: son la alegría del mundo, y no creo haber querido mucho a ninguna mujer que no fuera risueña, porque son bendiciones.” Además afirma que la risa no sólo es una de las cosas más saludables que hay y una de las que sin lugar a equívocos nos distinguen de los animales, sino también uno de los bienes más apreciados. También dice que la risa y la gracia, como el aburrimiento o la repugnancia, son enteramente subjetivas, y si no son intransferibles es precisamente porque hasta cierto punto, pueden contagiarse. Aboga por no despreciarla, no desvirtuarla, no devaluarla, no desprestigiarla y que nadie, nadie, nadie, nos la haga aborrecible porque -esto lo adapto yo-, la suya sea desencajada, anhelante, improcedente, afrentosa, autosuficiente... rancia. Que las hay. Y finaliza diciendo que “[...] nada hay más desolador que la risa a destiempo, o la inoportuna, o la injustificable, o la voluntarista, o la cruel o la agria, o la falsa, o la comprada. Supongo que la seriedad y la tristeza, aunque sean ocasionales, se han convertido en elementos negativos y en “mala imagen”, por una de esas arbitrariedades imbéciles que prosperan siempre en nuestro tiempo. Pero se olvida que si no hubiera a veces seriedad y tristeza la risa ya no sería nunca lo que todavía es, pese a todo: ni más ni menos que nuestra salvación aquí en la tierra.” 

¡Charles Chaplin también lo tenía muy claro cuando dijo que un día sin reír era un día perdido!.


Quizá sea por eso que reír no sea tan difícil; por ese amplio rango de posibilidades que admite, pero... ¿y sonreír? Porque con una sonrisa, nuestros labios riman, por el poder de enriquecer al que la recibe y al que la da, porque contribuye al cambio, predispone a algo, porque es un cartel luminoso, crea conexiones... Forma parte de la naturaleza humana, “la sonrisa es el idioma universal de los hombres inteligentes”, decía Tomás de Iriarte, contemporáneo de Wolfgang Amadeus Mozart. Es el amanecer del desánimo, es salud. “Si no sabes sonreír, es que no sabes vivir”, aseguraba Phil Bosmans (1922). Igual hay quien no sabe vivir entonces... 

Incluso si la pensamos desde el punto de vista de la persuasión, ya puestos... Como un “arma” que funciona: que se lo digan si no a Shakespeare, cuando afirmaba que “es más fácil obtener lo que se desea con una sonrisa que con la punta de la espada.” Hace tiempo, leí en una revista que Francisco Belil (Consejero Delegado de Siemens en España y Andorra y CEO de la región suroeste de Europa que incluye los mercados de Albania, Andorra, Bélgica, Chipre, España, Francia, Grecia, Italia, Liechtenstein, Luxemburgo, Macedonia, Malta, Portugal y Suiza), decía que cuando fue destinado a trabajar en Pittsburg (EEUU), solía cenar a menudo en el mismo restaurante y que una noche el dueño se le acercó para agradecerle la confianza depositada en ellos. Él aprovechó entonces para preguntarle cuál era el secreto del trato tan exquisito con el que el personal trataba a los clientes. Decía que la respuesta fue rápida y clara, el dueño le contestó: “Yo no contrato camareros... contrato gente que sonría y luego les enseño a hacer las mesas.” ¡Probablemente no les haga falta el recordatorio como el de la zona reservada para el personal en el Hotel Ritz de Madrid, donde hay un cartel que dice “Sonría, es parte del uniforme”!. 

Pero vuelvo a las sonrisas a las que me refería cuando empecé a escribiros y a las que defenderé siempre. A las que nacen y se dan con y desde el corazón, a las nobles, a las honestas, a las que llevan el signo de autenticidad. Creo que todo lo que no lo tiene suele estar condenado al fracaso. 

En la adversidad, con todo en contra, una sonrisa es un gesto de fuerza; con preocupaciones, es un acto de valentía. En medio de la perplejidad, de lo inexplicable... un triunfo absoluto. Una sonrisa es el pasaporte a las estrellas, a las nuestras y a las de quienes nos quieren y a quienes queremos, una manifestación de salud mental, emocional y espiritual. Un acierto maravilloso que a veces, aunque apenas dure un segundo, puede recordarse siempre. Como tantas cosas...



En RdL (2012)




Y sí, la ausencia de la sonrisa, entre otras actitudes y comportamientos, es una de las mejores maneras para distanciarse de alguien y ejercer una autoridad inexistente, para atemorizar,  para aumentar un abismo con el otro, una forma de eliminar las sinergias. Muy bien, venga, que sí; para ellos, brindemos por su insatisfacción voluntaria. Y que les dure. Porque sonreír es innato, a sonreír no se aprende; pero parece que sí se aprende a dejar de hacerlo. Es muy triste... ya que son quienes más la necesitan porque no tienen ninguna para dar. Nada.  

Una sonrisa es un acto de generosidad que reconforta, por su carácter de conducta espejo; una provocación de bondad en forma de regalo poderoso y humilde. Una sonrisa es luz y es calor, es un masaje al rostro que dulcifica el gesto. Es una contraseña, es el descanso del alma, es un faro que guía, una brújula que orienta y conduce. Y claro que una sonrisa puede ser triste, dolorosa, amarga... pero más triste es no saber darla y aún más no saber recibirla. 


Una sonrisa mueve lo inamovible, derriba las paredes de la indiferencia y de lo que se ponga por delante. La de un niño, tan nueva, tan limpia... mi “talón de Aquiles”, lo confieso; lo más lindo.




Jackie Coogan y Charles Chaplin en la grabación de The Kid (1921)



Igual se puede enseñar a sonreír, pero siempre es mejor y más rápido rodearse de personas que lo hacen desde el convencimiento. Y por ese convencimiento, Javier, Mario, ahí va mi sonrisa para vosotros, porque sí. Y ya está, “nomás”. :)

Ya me voy; pero antes os dejo aquí esta pregunta de Marco Tulio Cicerón. Seguro que vuestra respuesta viene acompañada de un pensamiento y otra sonrisa, una más, de felicidad; de vida: "¿Qué cosa más grande que tener a alguien con quien te atrevas a hablar como contigo mismo?".

Muchas, muchas gracias por todo lo que compartimos.

María




4 comentarios:

  1. «¡Charles Chaplin también lo tenía muy claro cuando dijo que un día sin reír era un día perdido!»
    Me parece genial ¿Será por eso que los que nunca soríen van como perdidos por la vida?

    ResponderEliminar
  2. «¡Charles Chaplin también lo tenía muy claro cuando dijo que un día sin reír era un día perdido!»
    Me parece genial ¿Será por eso que los que nunca soríen van como perdidos por la vida?

    ResponderEliminar
  3. No te rías: hacer un comentario es una aventura. Nuca sabes cómo vas a aparecer

    ResponderEliminar
  4. ¡Sí, nos reímos, que si no, perdemos el día! ;)
    Y no creas... Que publicar una entrada es otra aventura, también los párrafos "hacen lo que quieren". :)
    Un fuerte abrazo,
    María

    ResponderEliminar