sábado, 2 de febrero de 2013

CHOCOLAT, (2000)


Comenzamos un dulce mes de febrero. Pero por un único motivo: el título de esta película. Supongo que Javier en algún momento esperaba que escribiera algo sobre los beneficios y... beneficios, sí, del chocolate; qué mejor manera de hacerlo que a través de esta entrada, precisamente por su significado.

Hace unos meses vi esta película: Chocolat; en el fondo una fábula sobre cómo pueden cambiar las personas, sus relaciones y su entorno tan sólo con probar -por utilizar una terminología más gastronómica-, un poquito, los placeres de la vida. Un cuento sobre la tentación, la represión y los liberadores poderes de los sentidos, y que utiliza la magia del chocolate para denunciar la hipócrita moralidad impuesta por el personaje del alcalde, un fundamentalista reconcentrado -que piensa que no es buena idea inaugurar una chocolatería en Cuaresma-, en la localidad conservadora en la que se desarrolla la trama. 
Aunque se rodó parte en Inglaterra, la historia tiene lugar en el imaginario Lansquenet, un pequeño pueblo medieval típico de cuento de hadas de la campiña francesa que David Gropman (Diseño de Producción), encontró en Flavigny, en la región de Borgoña y muy cercano a Dijon; donde se cuenta que los monjes estuvieron en desacuerdo con la idea de que la película priorizase la búsqueda del placer mundano y no la del divino. 

Aunque contó con varias nominaciones a los Oscar, Globos de Oro y Premios Bafta, entre otros, no he leído críticas especialmente buenas sobre ella, pero el hecho de que estén asentadas siempre en opiniones personales, para mí, dejan de tener un valor completo porque siempre están escritas según el filtro de la mirada de quien la firma, desde un punto de vista subjetivo que, en mi opinión, no es válido para este género literario que implica un análisis que no siempre existe. 

Aunque se puede decir que se trata de una película con un final más que predecible, creo que merece la pena por la ambientación, la estética general, los paisajes, la fotografía... y las escenas de la fabricación del chocolate.

Parece que uno de los mayores aciertos haya sido narrar la historia en los años 50, ya que para dar ese ambiente característico al imaginario Lansquenet, el ya citado Gropman y el director de la cinta, Lasse Halleström se basaron en una gran cantidad de fotografías que Robert Doisneau había realizado en esos años sobre la vida cotidiana de la Francia de esta época. Encontré esta fotografía, que pertenece a su serie de catorce fotografías titulada La vitrine de Romi (1948) -y que Doisneau realizó escondido para captar las reacciones ante la exposición de un cuadro de una mujer en el escaparate de la Galerie Romi en la Rue de Seine en París; os invito a echar un vistazo al resto de la serie :) -, que creo que refleja exactamente el espíritu imperante en el pueblo:


Robert Doisneau (1948)




"Para mí, Chocolat -novela homónima de Joanne Harris y sobre la que se adaptó el guión para esta película-, es una fábula muy divertida acerca de la tentación y la importancia de no privarse uno mismo de las cosas buenas de la vida", -afirmaba en una entrevista Hallström-, “[...], trata del constante conflicto en la vida entre tradición y cambio. Y en su más profunda esencia, nos habla de la intolerancia y de las consecuencias de no permitir a otras personas vivir sus propias existencias y creencias”; lo que puede llevar a acabar interpretando el sentido moral de la historia como una llamada a la tolerancia, a la comprensión de las debilidades humanas. 
Gustave Flaubert afirma en sus Cartas a Louise Colet (1846-1855), que mientras escribía Madame Bovary, estaba seguro de hacer una novela de “ideas”, no de acciones. Esto ha llevado a algunos, tomando sus palabras al pie de la letra, a considerar que Madame Bovary es una novela donde no ocurre nada, salvo lenguaje. Salvando las distancias y sin que proceda una comparación por razones obvias, podríamos quedarnos con un poquito de esta pincelada para Chocolat. Esta historia nos enseña y nos acerca a los valores del optimismo y de la alegría, y pone de manifiesto -bajo un inteligentísimo acento cómico con la sensibilidad y el dramatismo necesarios y justos-, lo absurdo de la autoflagelación.

Los personajes, presentados como alegorías, son seres intrínseca y absolutamente infelices por no saber encontrar un equilibrio conciliador justo en sus creencias, y la amargura imperante en su estilo y en su forma de vida los convierte en detractores absolutos de la sensualidad y de las pasiones. Así, la repentina irrupción de la misteriosa protagonista (Vianne Rocher), en el día a día de este hermético y reprimido pueblo, lo desestabiliza. 

Aunque más bien yo creo que lo realmente inestable es justo lo que está reprimido, dormido, y a lo que no se le deja despertar, ir. La utilización del chocolate que vende Vianne como metáfora de los poderes liberadores del placer y la vitalidad, el entusiasmo, la alegría y los pequeños sueños y alivios que cobran sentido en la transformación de las vidas de los habitantes, es perfecto precisamente por su propia historia: los orígenes mayas del chocolate lo entienden como “alimento de los dioses”, y el Códice Florentino -una de las principales fuentes históricas que describen la vida azteca y escrito en su lengua-, denomina al chocolate como la “bebida de los nobles” e indica que debe prepararse con sumo cuidado debido a su naturaleza poderosa. Ya en Europa, aunque Colón regresó con las primeras bayas de cacao, parece ser que nadie supo qué hacer con ellas, por lo que se olvidaron en favor de otros bienes comerciales y se pudo probar por primera vez cuando el Emperador Moctezuma recibió al explorador Hernán Cortés y su ejército con un espumoso y caliente chocolate líquido. En el siglo XVIII, en Inglaterra, Charles II intentó prohibir las chocolaterías por considerarlas “semilleros de sedición” y en Francia, las autoridades les pusieron veto por considerarlo una “droga peligrosa”. 

En definitiva y volviendo a la historia, el espíritu libre de esta mujer va a poner en jaque -de una forma maravillosamente lírica y poética-, la ley moral establecida por el fanatismo religioso y por unas leyes morales imperantes en una población dominada por todo tipo de contradicciones e impulsos tremendamente primitivos y crudos.

Y es de esta forma como va a revolver y a agitar las bases de lo que ellos entienden como serena tradición, con el consecuente rechazo a lo nuevo y a lo desconocido por el peor de todos los males: la ignorancia y el miedo al cambio. 

Cuántas veces pasa eso hoy, ¿eh?... Cuánta miseria...


Incluso el personaje más tirano, despierta ternura, te hace más humano; quizá sea porque en el fondo lo que uno siente es lástima. Volviendo Madame Bovary, creo que fue Javier Marías quien dijo una vez que cuando uno lee esta novela, se hace mejor persona. Nuevamente salvando las distancias, vuelve a suceder lo mismo con esta película. Y pueda ser quizá por  la  tristeza que produce el ver en alguien la incapacidad de recuperar esa esperanza perdida, esa anulación de las emociones, esa pérdida, en definitiva, de trocitos de vida... Más cuando en el fondo, la verdadera libertad procede no solamente de nuestra condición de personas, sino en creer que lo somos y en lo que somos: seres humanos.

Ya termino. Como leí una vez -perdonadme esta vez, pero no sé en dónde...-, no se es bueno o fuerte por lo que se rechaza, sino por lo que se abraza; precisamente por el riesgo que conlleva asumir de forma comprometida y responsable las situaciones que se presentan de forma natural. Qué difícil es saber estar a la altura de ellas. 



Una película deliciosa, ya lo escribió Carlos Boyero. 
Con un encanto envolvente, como el del chocolate; ya lo escribo yo. 

María

2 comentarios:

  1. Como primer –y creo que de momento único– seguidor del blog, creo que tengo la obligación de hacer un comentario. Como no he tenido ocasión de ver la película, no puedo decir si me gusta o no. Lo que sí puedo afirmar, sin lugar a dudas, es que me encanta el chocolate, especialmente en combinación con almendras o avellanas.
    Un abrazo y perdón por la broma que creo es tan inocente e inocua como el chocolate.

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  2. Gracias, José María.
    Estoy buscando algunas partes de la película en español o francés; si no, te lo traduzco yo, que me sé los diálogos. :)
    Y buena elección con el chocolate, seguro que Vianne Rocher acertaría también contigo.
    Un abrazo y... ¡a comer chocolate!.
    María

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