“El público no quiere
que le hagan trabajar; no pretende comprender: quiere sentir,
y sentir
inmediatamente.”
Charles Gounod (Carta
a Charles Rhoné, 1862)
Hace unos días, encontré en esto:
"No me tires". Dice, rodeada de los símbolos del azar. "Valgo por una copa".
Lo cogí del suelo porque sabía que la foto iba a quedar mejor donde la hice: en la papelera. Podría pedir disculpas a todos los que hubieran hecho mejor uso de ello del que hice yo, pero no será necesario porque había muchos esparcidos por las baldosas empapadas de aquella calle -en palabras de uno de los últimos artículos de Javier Marías-, “[…] de la capital del Reino, la ciudad más guarra de Europa, una pocilga repugnante”, y además, el 19 de septiembre -fecha límite para su disfrute-, ya había pasado hacía unos días.
Lo cogí del suelo porque sabía que la foto iba a quedar mejor donde la hice: en la papelera. Podría pedir disculpas a todos los que hubieran hecho mejor uso de ello del que hice yo, pero no será necesario porque había muchos esparcidos por las baldosas empapadas de aquella calle -en palabras de uno de los últimos artículos de Javier Marías-, “[…] de la capital del Reino, la ciudad más guarra de Europa, una pocilga repugnante”, y además, el 19 de septiembre -fecha límite para su disfrute-, ya había pasado hacía unos días.
Javier, Mario, me dio que pensar y
quise compartirlo con vosotros. Creo que ya ha pasado una buena
temporada sin abrir las ventanas de nuestra casa y, por mi parte, es un buen
momento para hacerlo. Para volver a enredarnos con nuestras miradas sobre lo que
nos rodea, sin licencias poéticas o versos con rima -al menos yo no sé-, pero sí con cabeza y corazón.
Y es hora por aquello que explicó Juan José
Millás en su paso este verano por Santander dentro de los Martes Literarios
organizados por el Departamento de Actividades Culturales de la Universidad
Internacional Menéndez Pelayo, y que no me queda más remedio que aceptar:
“Siempre se escribe desde el conflicto […] no se puede escribir `Madame Bovary´
desde el acuerdo absoluto con la realidad”.
Copyright: Pablo Hojas
Y desde esa
necesidad de la escritura como un instrumento de salvación, como último asidero
a las cosas y a las personas que se nos van, como dice el que fue mi profesor
de Música y de vida, Diego Fernández Magdaleno. Y quizá no que se nos van en el
sentido al que él se refiere, sino que sencillamente se van. Te tiran porque ya no vales por una copa.
En el siglo XVIII, Edward Burke afirmaba que
en la esfera de la razón humana existen criterios y principios universales que
son inherentes a nuestra propia naturaleza y que determinan nuestras
discusiones y argumentaciones proporcionándonos un sólido criterio de verdad.
En las prácticas lingüísticas, los seres humanos apelamos a ciertas nociones de
sentido común y normas universal y uniformemente aceptadas que nos permiten
coincidir sobre aquello que consideramos verdadero o aquello que consideramos
falso. Pero, en cuestión de gusto, Burke[1],
lo asocia a un instinto, a una inclinación que no involucra ningún tipo de
razonamiento previo, denominándolo facultad delicada y aérea que, además
de no poder ser objeto de discusión, no se puede definir.
Pero
hay ciertos principios comunes que rigen tanto la facultad de la razón como la
facultad del gusto, que se basan en la afirmación de que en todas nuestras
relaciones con los objetos del mundo exterior intervienen siempre tres
elementos: los sentidos, la imaginación y los juicios.
Es así que se ha actuado para generar y
activar mecanismos que incidan de forma directa en la estimulación de los
sentidos recurriendo en este caso al impacto visual como en parte demuestra
ese papel.
Cierto es que no utiliza el reclamo sexual -y recordaba a este
respecto los datos que se proporcionaron del aceite Jovan Musk, cuyos
mensajes sexuales de promoción y la descripción de las propiedades de la
fragancia a la atracción sexual hicieron que, a finales de los años ochenta,
los ingresos de la compañía Jované, Inc., crecieran de millón y medio de
dólares a setenta y siete millones de dólares en siete años. ¡Y a día de hoy es
uno de los productos más vendidos de The Body Shop...! O la famosa frase
que pronunciaba Brook Shields, cuando contaba 15 años, en el anuncio de Calvin
Klein Jeans: “¿Quieres saber lo que se interpone entre mi Calvin y yo?
Nada.”-, pero sí apela al placer y a la inmediatez, como algo que se basa en la
premisa de que forma parte de la naturaleza humana, en sus aspectos biológicos,
emocionales, físicos o espirituales. Y desde luego que ese mensaje, en dos
frases, dos golpes fugaces, no rebaja el nivel intelectual de las personas sino
que apela a lo más fácil, a lo más rápido; siguiendo la línea de menor
resistencia, a priori, del género humano. Los elementos llamativos y la
captación de la atención son también una forma de comunicación. Doy fe; de lo
contrario no estaría escribiendo esto…
Siempre
he pensado que no es lo mismo recordar que no olvidar y viendo que ese no
olvidar se olvida con la misma facilidad e inmediatez que el mensaje -esas palabras...-, de aquel papel tirado porque ya no valía, porque ya no servía, porque pasó la fecha y además había muchos, hoy os escribo desde esa tristeza atenuada, lenta,
pausada y madura que genera una cierta felicidad. Desde ese recuerdo dulce pero ya consciente de tantas emociones equivocadas: de lo que fue un momento en mi imaginario nunca, jamás compartido. Desde ese camino que es el aprendizaje y el poner en cuestión qué es
realmente
lo que nos pertenece para, una vez identificado, cuidarlo y valorarlo en la justa medida que merece.
Y aquí vuelvo a lo de siempre: somos
personas y no todo vale. Porque igual que para vivir con acierto no basta con
el conocimiento, como escribe Javier Gomá Lanzón (1995) pero también aplicable
a la que rige y ordena el trato humano, “en una sociedad justa cumplir la ley no es
suficiente”.
Un abrazo muy fuerte a los dos,
María
[1] Para Burke, el ruido de
grandes cataratas, tormentas rabiosas, un trueno o la artillería, despierta una
sensación impresionante y horrorosa en la mente...


Me alegro de ver abierta de nuevo esta ventana.
ResponderEliminarUn saludo.
Muchas gracias, José María.
ResponderEliminarUn abrazo, María.